Narra: Amelia
El siseo de los neumáticos especiales del Maserati contra la nieve compacta de la carretera perimetral era el único sonido que competía con el zumbido de los servidores portátiles que Miller llevaba en el salpicadero. A través de los cristales tintados, el paisaje blanco y geométrico de la zona financiera de Basilea se había disuelto en la penumbra densa, gótica y asfixiante de los primeros pinos de la Selva Negra. Habíamos cruzado la frontera alemana por un paso de carga secundar