Narra: Alexander
El rugido del Maserati blindado fracturó la quietud de la Selva Negra mientras los neumáticos especiales devoraban las curvas congeladas de la carretera perimetral a más de ciento sesenta kilómetros por hora. A través del cristal retrovisor, los destellos azules y fluorescentes de tres patrullas de la Interpol de Baden-Baden cortaban la neblina invernal como cuchillas de luz. Habíamos abandonado el búnker de hormigón escasos segundos antes de que las fuerzas de asalto alemanas