Narra: Amelia
La estática del salpicadero táctico seguía vibrando en el aire climatizado del Maserati como el eco sordo de una sentencia de muerte perimetral. Las palabras de Rebeca Jones se habían clavado en el habitáculo con la precisión de un bisturí quirúrgico, desmantelando de un solo golpe la victoria financiera que acabábamos de comprar con mis catorce millones en el mercado negro. Julian Cavendish no había volado a Basilea para defender los balances de los Broderick; el viaje a Suiza ha