Una semana después de llegar a la isla, el bronceado de Sofía era notorio y sus ojos brillaban con una felicidad que no le cabía en el pecho. Realmente, estaba viviendo en su perfecta burbuja, creada por su esposo. Ambos habían cumplido su promesa, cero tecnología y cero noticias.
Estaban disfrutando su momento de desconexión total, cosa que, en su momento, lo necesitaron.
Sin embargo, en la tarde del antepenúltimo día de su luna de miel, mientras compartían un almuerzo de mariscos en la terraz