El vuelo desde la Costa, duró lo suficiente para que Sofía se durmiera y despertara sintiendo que había atravesado una barrera de tiempo y espacio. Cuando el jet aterrizó en la remota isla privada del Pacífico, la diferencia con su amada Madrid, no pudo ser más abrumadora. Aquí no había tantos edificios ni tráfico, solo el sonido del océano, el aire cálido y espeso, y el olor a flores tropicales.
El complejo era un lugar para soñar. Un bungalow de techo de paja con paredes de cristal que se abr