Sofía despertó el sábado por la mañana, con el cabello regado por la cama y el cuerpo le dolía ligeramente, por la intensidad de lo que había vivido la noche anterior. Pero la sensación era agridulce en todo su ser. El dolor físico se disolvía ante la dulzura de su hombre, y el amor que rompió barreras que nunca pensó que tumbaría, y que siete años después de un amor que le dolió hasta el final, terminara con él, arrodillado y hablando de amor verdadero con ella.
El sol se filtró por las ventanas del penthouse, que parecía bañar la habitación con una nueva luz. Cargada de bendiciones y cosas positivas para los dos. La vida no debía ser complicada para ellos, porque no le estaban haciendo mal a nadie y esperaban que las cosas siguieran por el camino correcto.
Alejandro ya estaba despierto mirándola, cuando sus ojos se encontraron. No parecía el CEO que había recibido una franquicia tan grande. Solo era un hombre enamorado de ella. Su futuro esposo y el amor de su vida. Él no parecía ha