El fin de semana transcurrió entre la planificación de la boda de sus sueños y el arreglar la oficina que sería de Sofía ahora. Habían pasado de ser figuras en un escándalo mediático a arquitectos de su propio inicio.
Ya su universo se había alineado, para el feliz para siempre.
Sofía se despertó el domingo por la tarde, después de haber arreglado su nuevo espacio. Miró a su alrededor y se estiró en el amplio y cómodo colchón de su cama. No sabía que hora era, ya que se había ido a tomar una siesta, luego de tomar una ducha. El dolor en su cuerpo de la mañana de ayer, había sido reemplazado por la dulce tranquilidad de ese domingo. Se giró, encontrando a Alejandro sentado, escribiendo en su tablet. Estaba concentrado con el ceño fruncido, pero su expresión era relajada y no parecía molesto.
Se veía muy guapo... no, Alejandro era demasiado guapo.
—¿Qué estás haciendo? —murmuró, arrimándose a él, buscando su calor.
—Estoy rehaciendo mi agenda, porque mi secretaría mes está pidiendo los