John sostenía la mano de Antony, mientras Elizabeth caminaba junto a Mary. Al llegar a la iglesia, fueron recibidos con sonrisas. Todos los conocían, no sólo por su posición social, sino por la generosidad y humildad que demostraban en el día a día.
Se sentaron en el mismo banco de siempre, en la tercera fila, muy cerca del altar.
Los niños permanecieron en silencio, encantados con el sonido de las campanas, la suave música del coro y la luz que entraba por las vidrieras, tiñendo todo de tonos