Capítulo 198

Cuando llegó el atardecer, los invitados comenzaron a despedirse. Los niños, agotados, prácticamente se quedaron dormidos en el sofá, arrullados por el cansancio de los juegos. Elizabeth acariciaba el cabello de los pequeños, observando cada detalle con esa mirada que solo una madre conoce. John, de pie a su lado, la observaba, embargado por un amor tan intenso que a veces se preguntaba, en silencio, si realmente merecía tanta felicidad.

Las niñeras vinieron a buscarlos, y Elizabeth les indicó con cariño:

—Dejadlos dormir así, sin cambiarles... están agotados.

Como padres cariñosos, sabían equilibrar el amor y la disciplina. Por mucho que pudieran ofrecerles el mundo a sus hijos, entendían que los mayores regalos siempre serían su presencia, su amor y los valores que cultivaban.

Cuando la casa finalmente se calmó, con todo ya organizado, John se acercó a su esposa por detrás y la envolvió en un fuerte abrazo, lleno de ternura, como si el tiempo nunca hubiera pasado desde el comienzo d
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