Luciano llegó a casa luego de aquel largo día, sus emociones ya no iban a flor de piel. Solo quería ver a su hija y, también, por alguna razón que no quería, necesitaba verla a Amelia, necesitaba sentirla cerca.
Hoy había hecho algo que no le agradaba, pero que, era necesario, llegar y ver su casa, le hizo sentir una extraña tranquilidad, por lo que, sin pensarlo dos veces, subió las escaleras sin avisar de su llegada, inmediatamente se dirigió a la habitación de su hija.
Al entrar, se llevó la sorpresa de que ahí estaban las dos mujeres que hoy día no salían de su cabeza y por las que estaba dispuesto a hacer cualquier cosa.
- Señor… -se escuchó la voz tranquila de Tere.
Luciano al escuchar la voz, cerró con cuidado la puerta y volteó a ver a Tere.
- ¿Qué sucede, Tere?
- Hace un momento, habló el pediatra de la niña Almendra. -dijo Teresa con calma.
- ¿Qué dijo?
- Mañana tiene que ir la niña Almendra a su tratamiento y deben hacerle una transfusión, pero ya no tienen en su ban