Luciano llegó a casa luego de aquel largo día, sus emociones ya no iban a flor de piel. Solo quería ver a su hija y, también, por alguna razón que no quería, necesitaba verla a Amelia, necesitaba sentirla cerca.
Hoy había hecho algo que no le agradaba, pero que, era necesario, llegar y ver su casa, le hizo sentir una extraña tranquilidad, por lo que, sin pensarlo dos veces, subió las escaleras sin avisar de su llegada, inmediatamente se dirigió a la habitación de su hija.
Al entrar, se llevó l