Amelia despertó al sentir movimiento, ella abrió los ojos y al hacerlo, se percató de que iba en brazos de Luciano, quien la llevaba a su habitación.
- Lu… Luciano… -dijo Amelia tratando de despertar.
- Intenté despertarte, pero, por más que lo hice, no pude. -dijo Luciano con calma. – Vamos a la alcoba, Almendra ya tiene pijama y necesitaba descansar.
Amelia perfectamente bien podía sentir la respiración y podía escuchar el corazón de Luciano, el cual latía con tranquilidad.
Al llegar a la alcoba, la colocó suavemente en la cama y luego de ahí, el hombre caminó hacia el vestidor, de ahí, sacó un delicado camisón para ayudarla a cambiarse.
- No es necesario, puedo hacerlo sola… -dijo Amelia al ver cómo el hombre la comenzaba a desvestir.
- Me dijo Teresa que no te has sentido bien, hoy no comiste nada… -dijo Luciano poniéndose en cuclillas para estar a la altura de Amelia y poder observarla mejor.
Luciano la notó pálida y ojerosa, por un momento, se sintió terriblemente culpable, pues