- Mi vida… Te noto preocupado, ¿qué sucede? ¿Tienes problemas en el trabajo? -preguntó Ángela preocupada.
Antonio dejó caer su espalda en el asiento de manera perezosa y dejó salir un suspiro.
- Se trata de Luciano, ese escuincle; desde que llegó a mi vida, mírame… Nuestra Valentina me da menos problemas que ese chamaco… Mírame, mírame, ya tengo canas de solo pensar en él. -dijo el hombre mostrando su barba.
- ¡Exageras, cariño! Debes aprender a confiar en él… Luciano es un buen muchacho, ¿Me vas a decir que tú, a su edad eras un modelo de responsabilidad? -dijo Ángela irónicamente.
- Pues, aunque te sorprenda, debo admitir que a mis 27 años ya trabajaba para ser juez y tenía claros mis objetivos. -dijo el hombre con seriedad.
- Sí, cariño, eso nadie te los discute, pero todo ello era fomentado por la situación. En el caso de Luciano, bueno, el que sea como es, básicamente reside en el tipo de vida que le tocó llevar.
No olvides el oscuro pasado de mi muchachito, yo solo me pongo