Amelia despertó adormilada, cansada y adolorida, el sonido de unos firmes pasos la había hecho reaccionar, solo alcanzó a ver una silueta desnuda, pero al no escuchar más, se volvió a quedar dormida.
La joven mujer solo vino a reaccionar cuando el aroma a una colonia conocida llegó hasta su nariz, de pronto abrió de golpe los ojos y vio al hombre que ajustaba su corbata para después colocarse un elegante reloj.
- Lu… Luciano… -dijo ella por inercia mientras se cubría el pecho con las sábanas.
El hombre, al escucharla, la miró por dentro, sonrió, pues no entendía que se cubría, si ya le había visto hasta la sombra. Caminó a paso lento hacia ella, Amelia podía sentir como si fuese a ser devorada, se sentía como la presa y él su cazador.
- Debo ir a la oficina, antes de irme le pediré a Teresa que el personal traspase tus cosas a mi habitación. -dijo el hombre sentándose muy cerca de ella.
- Pe… Pero… Yo no he dicho que vaya a dormir aquí… -respondió Amelia con nerviosismo.
- No lo dijist