Con el pasar de los días, Amelia iba mejorando mucho, ya podía caminar de manera normal y salir al jardín, lo cual encontraba totalmente refrescante, pues ya sentía que su bella habitación le asfixiaba.
Tal como Luciano lo anticipó, Daniela estaría bastante ocupada en la escuela como para contactar a su amiga diariamente, lo cual le daba una sensación de tranquilidad.
Las interacciones entre Amelia y Luciano frente a Teresa, Almendra o quien los viese juntos no dejaban lugar a dudas de que ambos se encontraban totalmente enamorados.
Amelia era consciente de que todo era una farsa, pero, en ocasiones, no le era posible ver cuál era la diferencia entre la realidad y la mentira, pues la línea se estaba convirtiendo en algo muy delgado.
Aquella joven mujer no podía negar que, con cada beso, caricia o mirada, incluso cada que el hombre la tomaba de la mano o abrazaba, ella se confundía y comenzaba a sentir cosas que no debería, pues desde un inicio, la situación había sido muy clara.
Un día