Luciano se levanto de la silla y dijo:
- Bien, pues creo que todos sabemos que es lo que debemos hacer, ¿No es verdad? -dijo el hombre tratando de aparentar tranquilidad.
- Señor D’Angelo, ¿Acaso usted quiere que mi amiga siga sufriendo? -preguntó Daniela incrédula.
El hombre escucho las palabras de aquella mujer y solo pudo apretar las manos en puños, la miro fríamente y dijo:
- ¿Ya dijiste lo que tenías que decir? ¿No? Créeme que pensé que tu presencia me ayudaría más, pero lo único que puedo escuchar de ti es puro parloteo, así que, vamos a hacer lo que se tenga que hacer. ¡Pedroza! ¡Es momento de decirle a la señorita Torres la verdad! Siendo honesto, creo que es el mejor acto de caridad que podemos hacer por ella. -dijo Luciano con frialdad.
El medico no entendía aquel drástico cambio de humor, pero al final, no era nada diferente a lo que él había sugerido desde un comienzo.
Los tres salieron del consultorio, Daniela trataba de convencer a Luciano de que no le dijera la ver