Luego de haberle suministrado un sedante a Amelia, Luciano la colocó en la camilla; la mirada que ella dedicó al hombre, no hizo otra cosa más que seguir acrecentando la culpa que sentía aquel hombre desde el día uno.
- Se los dije, ella murió el día que perdió a su hija. Han pasado 4 años desde aquello y, aun así, ella aún le llora, jamás se perdonó, ella cree que fue su culpa, cree que por un arranque de ella, su hija Camila murió. -dijo Daniel con lágrimas en los ojos.
- Señorita Alba, le he escrito al chofer para que la lleve a su casa, en cualquier momento llegará por usted. -dijo Luciano con voz que no aceptaba negativas.
Todo aquello sucedía mientras el médico y enfermeras curaban la herida que se había hecho en la cabeza y se la llevaban para hacerle estudios y descartar alguna lesión más.
- Señor D’Angelo, ¿Qué pretende hacer con mi amiga? Tan pronto como ella despierte y se recupere, le aviso, ella y yo nos iremos lejos de aquí, ella no puede seguir en un lugar donde lo ú