Los días pasan y Almendra comienza su tratamiento, puede resultar agotador, pero, al sentirse cuidada por Amelia, la niña muestra una valentía que solo un niño podría mostrar.
Almendra no entiende qué sucede, solo sabe que cada 3 días debe ir al hospital y que “Meli” es quien le da un poco de sangre.
La niña se siente sumamente feliz, pues su sueño de tener una mamá se ha vuelto realidad. Meli, como suele llamarla para no decirle miss Amelia, le permite que use ese diminutivo, aunque suele recordarle que así era como la llamaba su exmarido.
Luciano, aunque lo intentó, simplemente no pudo dejar de lado sus compromisos laborales y ha vuelto a la misma rutina de siempre, por lo que casi nunca está en casa o vuelve ya muy noche y apenas se topa con su hija en ocasiones en el desayuno.
Por otro lado, aunque Amelia no lo reconozca, ella se siente tranquila en casa de la familia D’Angelo, ya que, en todos esos días, no se ha preocupado por el hecho de que su exmarido la busque o la hostig