Luego de ver cómo su ahora esposo se marchaba, recorrió la casa, ella sentía una tranquilidad que no sabía cómo explicar, pues bien podría estar aterrada, pero no era así, más bien, estaba agradecida, sí, agradecía que este hombre solo la hubiese ido a dejar ahí y no pretendiera hacer más.
Al ver bien el que sería su nuevo hogar, se percató de que no sería nada fácil, menos con una pierna inmovilizada y sí, sí podía usar muletas, pero le daba miedo caerse y golpearse el vientre, por lo que prefería usar la silla.
Como pudo, se fue a la habitación donde sería su dormitorio. Conforme la noche avanzó, comenzó a sentir el frío que en ese lugar se sentía, no era un frío como el de la nieve, no, este era el frío producido por las piedras que rodeaban el lugar.
Vania se había percatado de que su casa estaba en medio de la nada, incluso el pueblo por el que pasaron estaba casi vacío. Era de esperar que las noches iban a ser así, por lo que buscó la manera de abrigarse para ir a dormir y, final