- ¡Bienvenida, querida esposa! Esta… -dijo Paolo señalando con un dedo el entorno. – Esta será tu casa a partir de ahora…
El viaje hasta Italia había sido silencioso, el hombre se había recostado en uno de los asientos y había cerrado los ojos.
Vania, por el tiempo que duró el viaje, se sintió un poco tranquila, pues no era un secreto que Paolo se había ido de farra una noche antes y, ahora, dormía como un tronco.
Vania admiró el cielo oscuro, pudo ver las estrellas desde una altura que le permi