Luego de que Pierre había salido de su habitación, se había quedado solo, aquello, le había permitido analizar todo lo que se le venía encima.
El joven no era ningún tonto, él sabía que sin el apoyo de Massimo o de su apellido y ahora, ya también estaba declarado que, sin el apoyo de Pierre y el legado familiar, no sería nadie, no sería nada.
Se maldijo por dentro, ¿En qué puto momento, su vida se había ido a la m****a? Él estaba acostumbrado a los viajes de fin de semana a Saint-Tropez, Mónaco,