Luego de que Pierre había salido de su habitación, se había quedado solo, aquello, le había permitido analizar todo lo que se le venía encima.
El joven no era ningún tonto, él sabía que sin el apoyo de Massimo o de su apellido y ahora, ya también estaba declarado que, sin el apoyo de Pierre y el legado familiar, no sería nadie, no sería nada.
Se maldijo por dentro, ¿En qué puto momento, su vida se había ido a la m****a? Él estaba acostumbrado a los viajes de fin de semana a Saint-Tropez, Mónaco, Cannes… La vida como el heredero único de los Legrand representaba el boleto para cualquier evento, ¿Cómo podría perder aquello tan fácilmente?
Una y otra vez maldecía a aquella pobre jovencita que, de gorda, jodida y horrible, no pasaba ante sus ojos.
Él sabía que esa vida era la que quería seguir teniendo, así que debía pensar en algo y debía hacerlo rápido, de lo contrario, todo lo que era suyo se esfumaría de sus manos.
¿Quién iba a decir que la peor idea vendría de la inocencia del hermano