Luciano atendía una llamada de Italia en el balcón de su estudio, escuchaba cada palabra que su preocupada hermana le decía. Él no emitía ningún comentario o juicio; al final, el tema no era suyo y ya tenía bastante con los últimos acontecimientos en su vida.
- Luciano, no sé qué ha sucedido con Paolo, la verdad me desconciertan todas estas actitudes… Si pudieras ver, la jovencita que embarazó es una niña, no me cabe en la cabeza todo lo que está haciendo Paolo.
Luciano le daba una calada a su cigarro, él comprendía que no fuese fácil para Laura, ella, tras la muerte de su madre, había adoptado el rol de madre sin decírselo a nadie.
En ocasiones, el propio Luciano miraba cómo su hermana asumía un rol que no le correspondía y tomaba problemas que no eran suyos como propios.
- Laura, ¿cómo está la pequeña Adele? ¿Cómo está Adrien? —preguntó el hombre para desviar un poco la atención de la preocupada mujer.
- Ellos están bien, como siempre, ya sabes, en casa, Adele haciendo tarea y Adrien