Vania no podía estar tranquila, la pobre joven pensaba lo peor, no esperaba que la familia de Paolo fuese diferente, de alguien debía haber aprendido a ser como era.
Ella suponía que los familiares de Paolo solo estaban siendo condescendientes porque estaban en un lugar público, por lo que la joven, simplemente sentía que no podía bajar la guardia.
Ella frotaba su vientre con una mano tratando de no pasarle la angustia que sentía a su pequeño, el cual, sin conocerlo o desearlo, ya sentía un apego importante hacia él.
Lejos de todo este embrollo, sabía que ya no debía seguirle mintiendo a su familia, ella ya había tomado una decisión. Una vez saliendo del hospital se iría a su pueblo, dejaría la universidad y buscaría un trabajo antes de que su embarazo fuese más notorio, ya no quería nada de esto, ya no más.
La joven estaba por quedarse dormida cuando el sonido de la puerta abriéndose la hizo reaccionar. Al ver a un hombre que no conocía entrando, apretó las sábanas, ella no sabía