El sonido de un motor negro con vidrios polarizados rompió el silencio de la casa segura en Santa Cruz del Norte. Daniela observó desde la ventana del segundo piso cómo Dimitri descendía del vehículo, su traje blanco impecable contrastando con la oscuridad de la noche. Dos guardaespaldas con gafas oscuras lo flanqueaban, escaneando el perímetro con movimientos precisos.
Alexander abrió la puerta antes de que llamaran para dar paso a su visita.
—Dimitri —asintió, midiendo al hombre que le dobl