Isabella sostuvo el teléfono con las manos temblorosas, la luz azulada iluminaba su rostro en la penumbra de la habitación del hotel. El reloj marcaba las 6:13 de la madrugada: apenas unas horas después de que Alex se durmiera, extenuado tras acompañarla todo el día en el hospital, las interminables diligencias y una noche de amor apasionado. Ella había fingido agotamiento físico para que él descansara, ocultándole la razón profunda de su inquietud: sabía que Maurice la había estado vigilando d