Al fin podía irme a mi hogar.
O bueno, eso creía que iba a poder hacer. Ya estaba en las afueras del edificio Sunday Crazy con gran parte de mi historia impresa.
Iba a buscar a las latinas, aquel grupo de mujeres pertenecientes a la vida alegre. O bueno... No tan alegre en verdad, no considero alegre una vida en la que tengas que fornicar con tipos asquerosos con tal de poder tener algo de dinero para poder subsistir.
Más cuando la prostitución solo era el camino más fácil para los violadores de poder aprovecharse de las mujeres, con la excusa de ya haber pagado el servicio.
Pedí un taxi, el lugar en donde se suelen ubicar las latinas está bastante alejado así que lo mejor era pedir que al menos me acercara a aquel lugar. Lo que eran veinte minutos caminando fueron solo cinco en taxi gracias al bajo tráfico que había.
Y con solo caminar dos minutos ya había llegado al callejón en dónde se encuentran mis tan conocidas amigas, vistiendo prendas vistosas y exóticas que me hacían cuestio