La estilista aún no había terminado mi peinado cuando ya había llegado Atlas, portando en sus brazos un gran saco negro que pude suponer era el vestido que me había elegido el mismo para la ocasión y con una bolsa un tanto más pequeña, que desconocía por completo el contenido de la misma.
—¿Será posible permitirle que se cambie aquí? —Pregunto Atlas a una de las jóvenes trabajadoras, la cual dió su positivo de que pueda cambiarme en el lugar apenas terminarán de peinarme. —Genial, muchas graci