La estilista aún no había terminado mi peinado cuando ya había llegado Atlas, portando en sus brazos un gran saco negro que pude suponer era el vestido que me había elegido el mismo para la ocasión y con una bolsa un tanto más pequeña, que desconocía por completo el contenido de la misma.
—¿Será posible permitirle que se cambie aquí? —Pregunto Atlas a una de las jóvenes trabajadoras, la cual dió su positivo de que pueda cambiarme en el lugar apenas terminarán de peinarme. —Genial, muchas gracias. —Agradecio Atlas, pasando por la estetica con tranquilidad hasta llegar a un lado de mi.
Mi cabello completamente liso ahora pasaba a estar decorado por pequeñas ondas de agua elegantes, no era un peinado nada exagerado pero era perfecto para la ocasión. Mi rostro portaba un maquillaje limpio y perfecto, mejor del que podría hacerme yo misma todas mañanas sin importar mi nivel de prácticas.
Y ahora, solo faltaba cambiarme.
—¿Lo ayudo? —Pregunto la chica que me estaba atendiendo a Atlas al