Ya estaba postrada al frente de lo que parecía ser la morada de Joseph, o podría decir incluso mansión. La magnitud y longitudes de aquella "casa" no era común, tenía toda una parcela antes de siquiera poder llegar a la puerta que fácilmente serviría como campo de carreras olímpicas de caballos, toda una epifanía el poder cruzarla.
Pero más importante, esa caminata fue mi rutina de ejercicio de todo el año.
Toque la puerta, deseando que alguien me abriera rápido para no tener que seguir aguantando el acalorado sol de California y el como me tenía ya tan maltratada, mi desgaste solo iba en aumento con cada segundo que me la pasaba parada y más teniendo en cuenta mi desconsideración al no haber comido algo antes de salir.
Si es que mi cigarro no contaba como desayuno.
La puerta al frente de mi fue abierta, la persona que me abrió era un completo desconocido pero al menos ahora gracias a su cortesía logré escuchar como de dentro provenía una música medianamente fuerte.
—¿Señorita? —Mire