—Hija, te llegó una carta. —Me informo mi padre desde afuera del baño, su voz se escuchaba somnolienta. Cómo si apenas se fuera levantado de su profundo sueño a pesar de ya ser las siete de la mañana.
Que por cierto, a este paso si no me apresuraba en arreglarme terminaría llegando tarde al trabajo.
—Dejalo en la mesa. —Mencione con brevedad, deseando que mi papá acatara mi pedido y me dejara arreglarme tranquila.
—¿Oye pero por qué mi jefe te manda cartas? —Abri los ojos al escucharlo, dejando aquel lápiz de labios encima del tocador del baño para ir a abrir la puerta de golpe, sacándole la carta de las manos a mi papá.
—Es dinero que me debía.
—No se siente como dinero. ¿En qué cosas andas niña? —Lo ví mirarme con duda, cosa a la cual ignore y guarde la carta dentro del baño.
—En nada.
—Anoche llegaste tarde.
—Estaba trabajando.
—¿En qué?
—¿Que insinuas? —Fui cerrando la puerta poco a poco, los ojos de mi padre se habían vuelto chinitos al mirarme de forma interrogante. Es