—Hija, te llegó una carta. —Me informo mi padre desde afuera del baño, su voz se escuchaba somnolienta. Cómo si apenas se fuera levantado de su profundo sueño a pesar de ya ser las siete de la mañana.
Que por cierto, a este paso si no me apresuraba en arreglarme terminaría llegando tarde al trabajo.
—Dejalo en la mesa. —Mencione con brevedad, deseando que mi papá acatara mi pedido y me dejara arreglarme tranquila.
—¿Oye pero por qué mi jefe te manda cartas? —Abri los ojos al escucharlo, deja