La noche de strippers había acabado de maravilla, si es que se podría considerar de esa manera.
Justo como lo planeamos llegamos temprano a casa, completas de pies a cabeza. Menos yo que había dejado gran parte de mi saliva en los labios del stripper de ojos esmeraldas.
Debo decir que han sido los mejores besos que me dio un hombre en mi vida, y no me arrepiento de haber corrido el riesgo de contraer alguna enfermedad altamente cuestionable.
—Buenos días. —Salude a todos, mi llegada al trabajo