—Llego su taxi, su alteza. —Exclamo Atlas apenas llegó junto a mi en su camioneta.
—¿Lavaste tu camioneta? Se ve más bonita. —Pregunte, subiendo al automóvil en un instante.
—Puede ser.
—Se nota mucho el cambio en verdad. —Le sonreí, acomodando mi libreta. —Entreviste a las latinas, tengo una lista de al menos cincuenta desaparecidas de esta última semana. Entre ellas trabajadoras sexuales y otras que no se dedicaban a este mundo.
—Vaya... Ahora entiendo por qué tus exigencias.
—Si, necesitaba verte ya que-... Por ahí no es mi casa.
—Te compraré algo de cenar, tranquila.
—Oh... Está bien. —me incline suavemente, recostando mi cuerpo del reposabrazos de su camioneta.—Mañana volveré a bajar a los pisos subterráneos de Sunday Crazy. Considere importante llamarte ya que quizás quieras hacer algo más elaborado antes de ir ahí.
Me quedé mirando a Atlas, el como siempre solo se mantenía distante a mi. Aunque a diferencia de otros días hoy mostraba una sonrisa divina en sus labios qu