MILA
El olor del café me saca suavemente del sueño. Mis párpados son pesados, mis músculos adoloridos como después de una batalla... o más bien una larga rendición. La luz de la mañana filtra a través de las cortinas, dorada, acariciante, contrastando con el calor húmedo que aún reina en la habitación. Cada parte de mi cuerpo guarda la huella de la noche pasada, una noche sin descanso donde Nolan me poseyó con una intensidad casi irreal.
Me estiro lentamente, las sábanas arrugadas deslizándose