MILA
Creo que me hundo un instante, aturdida, con los párpados pesados, mi cuerpo aún entumecido por la éxtasis. La habitación está caliente, saturada de nuestros olores. Las sábanas se adhieren a mi piel húmeda, y su aliento regular contra mi cuello me calma un breve momento. Me digo que nos vamos a dormir ahí, entrelazados, saciados, pegados el uno al otro.
Pero Nolan se mueve. Su torso se eleva, se despliega sobre mí, apoya sus palmas a cada lado de mi cabeza. Su sombra me cubre por completo