El amanecer parisino se filtraba por las cortinas como un secreto. La ciudad despertaba entre campanarios y el aroma húmedo del Croissant recién horneado. Yo estaba allí, en pie junto a la ventana, mirando cómo las gotas de lluvia deslizaban su transparencia sobre el vidrio. Y pensé en ella.
En Alice.
En la forma en que su respiración me buscó entre sueños. En cómo el silencio de esa madrugada quedó tatuado entre nuestras pieles.
Me había prometido mantener el control.
Me había jurado que todo