Han pasado tres días desde que abrí aquella cajita aqui en mi oficina… tres días desde que sostuve entre mis manos la ecografía más importante de mi vida, junto al sonajero que casi me hace desmayar frente a Hannah… tres días desde que salí por la galería gritando como si hubiese ganado la lotería:
—¡Voy a ser padre!
Pobres empleados. Juro que nunca habían visto a su jefe abrazarlos uno por uno mientras repetía: “Somos familia, ¿entienden?, ¡familia!”
Aún hoy Hannah me mira como si temiera que