No sabía que el embarazo podía sentirse como si un camión me hubiera pasado por encima. Literalmente. A las tres de la madrugada estaba abrazada al inodoro como si fuera mi único amigo en el mundo. Vomité tanto que pensé: si mi bebé no nace con abdominales marcados después de esta noche, no sé qué más se necesita.
El mareo era tan fuerte que las paredes parecían moverse. Y para rematar, un resfriado me había atacado sin piedad. Tenía fiebre, escalofríos y la nariz tan tapada que parecía respira