Despues de que Ethan se marcho, me duche y me dormi un rato más, cuando desperté tenia un dolorcito detrás de los ojos y con el recuerdo borroso de haber… oh, Dios. ¿Realmente me lancé encima de Ethan como si fuera el último vaso de agua del desierto?
Me tapé la cara con la almohada. Lo hice. Lo hice.
Y luego… él se fue. Ni un “quédate”, ni un “sigamos hablando”, ni un “volvamos a intentarlo”.
Nada.
Me levanté, Y en el sofa estaba su chaqueta —esa misma con la que me cubrió anoche— y cuando la