El aeropuerto huele a despedidas. A café recalentado, a voces que tratan de sonar fuertes aunque los ojos digan lo contrario.
Nos despedimos. Él abordó. Yo salí del aeropuerto con las piernas temblando, tratando de controlar la adrenalina.
Y en ese instante exacto…
suena mi teléfono.
—¿Señorita Miller? Habla el doctor Reeves del Mass General. Necesito que venga hoy mismo. Sus resultados… necesitamos revisarlos.
El corazón me da un vuelco.
—¿Es grave? —pregunto, sintiendo cómo el aire se me hace