No recuerdo exactamente cómo estacioné el auto. Mis manos estaban temblando desde que salí de la casa, repitiendo una y otra vez: ¿Qué me escondes, Alice? ¿Por qué me mientes? Pero seguía convenciéndome de que seguramente era algo menor. Un chequeo extra. Vitamina baja. Estrés por la boda. Lo que fuera… menos lo que estaba empezando a sentir que era.
El hospital olía a desinfectante, como siempre, pero esta vez me golpeó distinto. Como si cada olor fuera una advertencia.
Me acerqué al consultor