Cinco años después:
Yannek:
—¿Y bien?— interrogó impaciente, porque la persona que acaba de contestarme al teléfono debió reportarse hacia horas.
—La misión fue un fracaso, jefe — susurra mi subordinado, con voz temblorosa.
Comprimo el mentón y aprieto mis manos en puños, casi hasta sentir dolor. ¡Odio cuando las cosas no salen como quiero!
—¿Qué carajos sucedió está vez? Mis instrucciones fueron claras. ¡Solo debían introducirse en la jodida finca y extraer un documento importantísimo de l