Viktoria:
La culpabilidad reflejada en el rostro de los gemelos es innegable, y el miedo de su esposa me hace gruñir.
Catalina se oculta detrás de Sandro, temblorosa, pero este y su hermano tensan sus posturas cerrrándose alrededor de su mujer, defensivamente.
Ruedo los ojos.
Esto me tiene impaciente.
—Dejan ya el teatrito, no he venido aquí a asesinar a su esposa y aunque quisiera con todo mi corazón acribillarlos a balazos por lo que han hecho, no puedo— achino os ojos, recorriéndolos con mi