Andrés entró al edificio de la empresa Montiel con paso decidido, saludando con una leve inclinación de cabeza a los empleados que se cruzaban en su camino. Vestía con elegancia, como de costumbre, con un traje azul marino perfectamente planchado, zapatos pulidos y una expresión en el rostro que mezclaba serenidad con atención. Subió al ascensor y observará su reflejo en las puertas metálicas, acomodándose el nudo de la corbata. El leve murmullo de las conversaciones viejas, el sonido del ascen