El sol de la tarde se deslizaba entre las ramas de los árboles del jardín Montiel, proyectando sombras suaves sobre el sendero empedrado. Leonardo e Isabella caminaban tomados de la mano, en silencio, disfrutando del aire tibio y del simple placer de estar juntos. La tranquilidad del momento fue interrumpida por el chirrido lejano de los portones abriéndose. Ambos se detuvieron y giraron la vista justo cuando un auto blanco ingresaba lentamente a la propiedad.
Leonardo frunció el ceño. Isabella