El portón de la casa de Valeria se cerró tras él con un sonido metálico que pareció marcar el fin de un capítulo que no terminaba de cerrar. Leonardo apretó los labios mientras se acomodaba en el asiento del conductor, ajustando el cinturón con un movimiento brusco. Su pecho subía y bajaba lentamente, como si intentara controlar una tormenta que crecía en su interior.
Encendió el motor. El rugido suave de su auto de último modelo rompió el silencio matutino de aquella calle residencial. La ciud