Había pasado un mes desde aquel terrible incidente que casi le cuesta la vida a Leonardo. El sol brillaba con intensidad sobre los jardines de la casa Montiel, donde Leonardo se recuperaba bajo el cuidado constante y amoroso de Isabella. La brisa era suave, y los pájaros trinaban entre los árboles, como si el mundo hubiera decidido tomar un respiro junto a él.
Leonardo trotaba a paso lento, pero constante, bordeando los senderos de piedra entre las flores. Su rostro ya no estaba demacrado, y la