Rafael respiró hondo, dejando los cubiertos a un lado.
—Voy a tener que viajar —anunció, mirándome a mí y luego a mi padre—. A Alemania. Han surgido unos problemillas en la filial de allí y tendré que resolverlos personalmente.
Me enderecé en la silla.
—¿Problemillas?
—Nada grave, pero es algo que requiere atención. Un tema de contrato, logística… cosas técnicas. Pero lo tengo controlado.
—¿Seguro? Si necesitas ayuda, que alguien te acompañe, lo que sea… —ofrecí, sincera.
Él me miró unos segund