Apenas podía respirar bien al ver a Alice retorcerse de dolor cuando la enfermera se acercó con esa mirada profesional, pero cuidadosa.
—Alice, vamos a comprobar tu glucosa —dijo con calma—. Como tienes diabetes tipo 1, necesitamos vigilarla de cerca durante el trabajo de parto.
Alice parpadeó, asustada, y yo le apreté la mano con fuerza.
—Vale… está bien —murmuró, con la voz temblorosa, intentando concentrarse en la respiración.
La enfermera se preparó, cogiendo la lanceta y el monitor. Yo me quedé a su lado, observando cada paso, sintiendo cada dolor que ella respiraba.
Poco después, la doctora Heloísa entró en la sala, con ese aire tranquilo que me daba confianza, pero aun así el corazón se me aceleró.
—Diogo, Alice —dijo, mirándonos fijamente—. Vamos a tener que iniciar una infusión controlada de insulina por vía intravenosa. Es necesaria para mantener la glucosa estable durante el parto.
Alice abrió los ojos de par en par y dejó escapar un gemido de desesperación.
—Pero… ¿y la be