(Larissa)
El tiempo parecía haberse detenido después de escuchar la conversación al otro lado de la puerta. Cada palabra entre Enzo y su secuaz retumbaba en mi cabeza como un trueno a punto de caer justo encima de mí.
Emboscada. Alessandro. Almacén. Cebo.
Mis ojos buscaban una salida, una rendija de esperanza. Golpeé los barrotes, grité hasta quedarme sin voz, supliqué… pero nadie vino. Solo el sonido metálico de la cerradura al abrirse me hizo callar.
El corazón me latía tan fuerte que dolía.