El viento suave rozaba mis hombros y los tacones se hundían un poco en la hierba. Cada paso hacía que mi corazón latiera más rápido, como si mi cuerpo supiera algo que mi cabeza todavía no tinha entendido.
Y entonces… le vi.
Justo al principio del puente, de espaldas al lago, estaba Diogo.
Con un esmoquin.
Guapísimo de un jeito que me hizo olvidar hasta cómo se respiraba.
Sentí un escalofrío recorrerme entera. Las piernas me temblaron y me quedé ahí, plantada, mirándole sin poder moverme, con e