Petición desesperada.

Cuando Caroline abrió la puerta y vio al supremo, se mordió el labio de manera lasciva, dejando claro que le fascinaba lo que tenía enfrente. Sin embargo, él la miró de arriba abajo, recorriendo su camisón de seda y su cabello suelto, y en vez de elogiarla, hizo un gesto de repugnancia.

—Esa fragancia huele asqueroso — comentó con desagrado, lo que borró la sonrisa de Caroline.

—Pasa, iré a tomar una ducha — dijo, claramente disgustada. Quería complacerlo, pero él siempre parecía encontrar algo
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