No tienes permitido irte de mi lado.
—De una madre a otra, te aconsejo que hables con tu hija, que le digas lo que sientes, que ya es suficiente guardar tantos secretos. Ella te comprenderá—, le aconsejó Alana a Julia en un susurro lleno de empatía.
Cuando el auto avanzaba por la carretera, Marlen se arrastró inquieta en el asiento trasero, acercándose a Elijah como un gatito en busca de calor. Él evitaba tirar de ella, para pegarla a su pecho, pero manteniendo su postura elegante, reprimió sus impulsos mientras la miraba fijamen